Desde 2002, el 12 de junio se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, problemática que en Venezuela se consolidó en la última década debido a la necesidad de supervivencia familiar frente al deterioro de los ingresos y, al mismo tiempo, como uno de los principales motivos de exclusión educativa. Cada vez que un niño o adolescente deja el aula para incorporarse al mercado laboral, el país pierde oportunidades de desarrollo, movilidad social y construcción de capital humano.
Aunque en el país no existe data oficial sobre este asunto desde hace años, los registros de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) de la Universidad Católica Andrés Bello evidencian que la necesidad de trabajar se convirtió progresivamente en causa relevante de desescolarización entre adolescentes.
En 2017, 9% de los adolescentes de entre 12 y 17 años de edad que estaban fuera del sistema educativo abandonaron los estudios para incorporarse al trabajo. La situación se agravó durante la pandemia y alcanzó su punto más alto en 2021, cuando la cifra subió a 16%.
Aunque en 2025 se observa disminución hasta 12%, el fenómeno sigue teniendo peso determinante y, actualmente, uno de cada ocho adolescentes fuera de la escuela dejó de estudiar para trabajar.
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